La Rabia: la teoría del animal herido

La Rabia

Si eres de las personas a las que les gusta ir por la montaña, es posible que algún día te hayas encontrado con algún animal herido en uno de tus paseos. Si no eres de montaña, para entender la siguiente explicación basta con que te imagines algún animal malherido (ya sea un perro, un gato, un cervatillo…).

 

Cuando un animal está herido suele intentar pasar desapercibido. Si nos ve y nos intentamos acercar a él, ¿qué es lo más probable que ocurra? Que intente alejarnos, ya sea emitiendo ruidos fuertes, enseñándonos los dientes o intentando hacerse grande. 

 

Y la última pregunta: ¿por qué un animal en estas condiciones intentaría alejarnos? Parece fácil: porque se siente vulnerable. Ahora ve a la frase anterior subrayada y sustituye la palabra “animal” por “humano”, y tendrás la explicación de la mitad de las interacciones en las que alguien se enfada (la otra mitad la veremos más adelante en otra entrada). Veamos esto en detalle:

Cómo funciona la rabia

Los humanos tenemos la capacidad de sentir muchas emociones diferentes (aunque no siempre lo deseemos), cada una con una función diferente pero con un objetivo común: intentar garantizar nuestra supervivencia. Más allá de si tienen más o menos éxito con este objetivo, están ahí para ello y es importante aprender a identificarlas para saber cómo gestionarlas. Entre ellas está la que nos incumbe en esta entrada, que es la rabia.

 

 

La rabia es una emoción que busca protegernos. Para ello nos activa físicamente, lo que nos tendría que facilitar defendernos contra un agresor o poner límites a otros animales (entre ellos a otros humanos). Lo que pasa es que esto servía mucho hace muchísimos años, cuando solamente podíamos valernos de nosotros mismos para protegernos. Pero en una sociedad más o menos civilizada como la nuestra, la necesidad de la violencia física se ha reducido (además de que suele estar prohibida), por lo que cuando sentimos rabia no nos queda otra que fruncir mucho el ceño, tensar los músculos del cuerpo, gesticular mucho y hablar a gritos con la persona con la que nos hemos enfadado.

 

 

Si decimos que la rabia busca protegernos, entonces podemos intuir que ésta aparecerá siempre que nos sintamos atacados/as y/o vulnerables. Así, la cosa quedaría parecida a lo siguiente:

¿Cómo reaccionar cuando se comunican con nosotros desde la rabia?

Aunque hay millones de respuestas posibles y muchos aspectos a tener en cuenta cuando aparece la rabia (como por ejemplo si yo también siento rabia, si deseo ayudar o no a la otra persona, si deseo ponerle un límite, si es la primera vez que ocurre o no…), aquí me interesa exponer muy por encima la que suelo recomendar a aquellas personas que desean mejorar la relación con la persona que les muestra enfado o rabia (ya sea una pareja, un hijo, una compañera del trabajo…).

 

La propuesta comprendería 3 pasos:

 

  • Identificar qué le ocurre a la otra persona: más allá de las palabras que nos esté diciendo, debemos fijarnos, principalmente, en su comunicación no verbal (¿está tensa? ¿se muestra agresiva?) para asegurarnos de que lo que muestra es rabia y no otra emoción.
 
  • Recordar qué suele haber detrás de la rabia: si la persona se muestra enfadada con nosotros/as, seguramente sea porque se está sintiendo atacada o vulnerable. Añado un detalle importante: aquí no entramos en determinar si efectivamente la estamos atacando o no; solamente nos fijamos en cómo se siente la otra persona, con independencia de si estamos de acuerdo o no con lo que cree y siente.
 
  • Responder a lo que hay detrás de la rabia: por ejemplo, muchas parejas que se enfadan porque la otra persona no las escucha o no hace lo que ellas esperan, detrás de su rabia suelen presentar tristeza e invalidación. Si en aquel momento empezamos a discutir si es cierto o no lo que creen, lo más probable es que se sientan todavía menos comprendidas y más enfadadas, entrando en un bucle. En cambio, si en aquel momento respondemos a la tristeza que puede haber detrás (o a la percepción de invalidación), es probable que se sientan más escuchadas y validadas, por lo que la comunicación fluirá mucho más.
 

Y por último, ante la duda, preguntar. Antes de hacer cualquier deducción precipitada sobre qué piensa / siente la otra persona, o si es justo o no lo que dice o cómo se pone, planteémonos si tenemos toda la información y si entendemos exactamente qué le ocurre. Si no es así, preguntar siempre puede ayudar.

 

Si tienes alguna duda, puedes escribirme a info@aleixcomas.com

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